Ya sabéis que Marieta, nuestra mariquita más dulce, nos ha acompañado desde el primer día del cole. Ese día en el que la mayoría de peques entraron con caritas de desconcierto. Y es que los cambios cuestan, adaptarse a un nuevo lugar, con personas desconocidas no es tarea fácil y menos cuando tienes tres años.
Cada día, Marieta, nos dejó una sorpresa. Primero, unos cuentos que contaban historias de Marieta y sus amigos, otros insectos que se divertían con la señorita mariposa.
También encontramos unas conchas, quizás este verano viajó hasta el mar. Nos encantó ver lo grandes que eran y poder hablar, entre todos, de lo bonito que es el verano, las olas, hacer castillos en la arena los que pudieron ir a la playa. También hablamos de nuestros pueblos y de estar en familia.
Al día siguiente encontramos una cuerda para saltar y enseguida la sacamos al recreo. Entre Alba (nuestra teacher) y yo hicimos la serpiente y los peques fueron pasando y saltando alegremente.
Podemos decir que las cosas van saliendo bien y aunque algunos sientan que les está costando un poquito más, ahí estaremos para apoyarlo o apoyarla. Porque somos un equipo y juntos conseguiremos estar "como en casa".
Marieta abre sus alas y echa a volar, seguramente hibernará hasta primavera, para cuando ya estemos más grandes y con más desparpajo.
Mientras, seguiremos regando su planta favorita para que cuando vuelva a nuestra clase esté tan contenta de vernos como nosotros de la llegada de una nueva estación.

